El largo camino del agua en Boayase

El primer día de clase estaba tocando a su fin. Berko pensó en esperar a Naki y así seguir hablando con ella. Se habían visto en algunas clases que compartían, pero también había aprovechado para ver a sus otros compañeros. Algunos vivían en otros poblados y hacía varios meses que no sabía nada de ellos. ¡Era genial volver a jugar a la pelota y reírse de sus chistes!

-¡Naki! Soy yo Berko, te estaba esperando. Si quieres volvemos juntos a casa. Te puedo presentar a Francis y de paso te enseño mi granja. Aunque ya la conoces jajaj.

– ¡Me dijiste que sería un secreto! ¿No lo irás a contar?

-¡Qué no Naki! Era una broma, no te preocupes que no voy a decir nada, pero me tienes que prometer que a partir de ahora me pedirás ayuda cuando lo necesites.

– Está bien Berko, confío en ti. ¡Me apetece mucho conocer a Francis!

– Pues seguro que antes de llegar a casa ya viene por el camino a recogernos, lo hace desde que comencé la escuela. Como mis padres se pasan todo el día en la granja, Francis y yo cuidamos el uno del otro. A ti eso no te pasará, tienes una familia muy grande.

– Si, somos muchos en casa.  Pero mi abuela Beth es la que cuida de mis hermanos y de mí. Mis padres y mi tío también están todo el día trabajando, cultivando, ya sabes. Por cierto, si algún día conoces a mi abuela llámala Elisabeth, que solo nos deja llamarla Beth a nosotros. Manías, ya sabes.

 – Vale, anotado. No llamar Beth a la abuela de Naki, enseñarle la granja y vigilar que no se lleve ninguna gallina.

-¡Berko!

– Jajajajaj. No te enfades, ya no te hago más bromas. Por cierto, ¿quién va por las mañanas a por el agua?, ¿te toca a ti ir alguna vez?

-Pues sí, aunque suele ir mi hermano mayor Jasir. Yo me suelo encargar de ir ahora por la tarde. Algunas veces va mi tío Dakari, pero él siempre está ayudando a mis padres así que tiene menos tiempo. Y tú… ¿tú vas siempre?

– El domingo va mi madre, pero el resto de días voy yo. Por la mañana y por la tarde. Madrugo mucho para que me dé tiempo a ir a por agua, y después a la escuela. Francis necesita beber, así que no puedo fallar ningún día. Además no puedo pagar nunca la motocicleta, llevo siempre los bidones yo. Pesan mucho así que tardo más cuando vuelvo con ellos cargados de agua.

– A mí también me pesan, y como imaginarás tampoco tenemos dinero para pagar la motocicleta. Siempre llevamos los bidones nosotros. Lo necesitamos para cultivar, y para que mi madre pueda cocinar para todos. Somos muchos así que a veces, aunque tengamos agua por las mañanas, no puedo lavarme porque no hay suficiente.

– Es un rollo, mi padre dice que antes había un pequeño río con el que podía vivir todo el poblado. Pero como no llueve se ha secado y ahora tenemos que ir hasta el poblado de al lado. Yo creo que habría que buscar una solución.

– Ya, yo pienso igual. Además, he oído hoy en la escuela que el profesor de matemáticas, Agyei, le decía algo a Faustina sobre un proyecto de construcción de un pozo. ¿Te imaginas?

-¿Un pozo? No había oído nada. Pues nos tenemos que enterar. Mañana mismo se lo preguntamos a Agyei.

-¡Hecho! Te nombro mi ayudante en jefe de servicios de investigación para encontrar agua

– Jajajajaja. Veo que se te ha pegado mi manía de hacer bromas. Eres genial Naki. Acepto el cargo. Y ahora ven que vamos a conocer mi granja y… ¡mira! Por ahí viene Francis a recibirnos. ¡Te lo dije! Sabía que vendría a recogernos. ¡Hola Francis!

Naki porta los bidones de agua de un poblado a otro para su familia

– Jajajajaja. Veo que se te ha pegado mi manía de hacer bromas. Eres genial Naki. Acepto el cargo. Y ahora ven que vamos a conocer mi granja y… ¡mira! Por ahí viene Francis a recibirnos. ¡Te lo dije! Sabía que vendría a recogernos. ¡Hola Francis!

Y Naki conoció a Francis y la granja de la familia de Berko. Esa noche se lo contó todo a sus padres. Todo, menos lo de las gallinas por supuesto

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